MANUEL JESÚS GARCÍA GARRIDO, IN MEMORIAM

MANUEL JESÚS GARCÍA GARRIDO, IN MEMORIAM

Este gélido mes de enero se ha llevado a D. Manuel Jesús García Garrido, catedrático de Derecho Romano e Hijo Predilecto de Fuente de Cantos. Es difícil condensar aquí su dilatada trayectoria personal y profesional, pero no lo es en absoluto apreciar las contribuciones de quien ha sido una de las personalidades más relevantes del mundo académico español, y aún de otros ámbitos de vida pública.

Nació en el piso alto del número dos de la calle Clavel, casa que hace esquina con Nicolás Megía. Sus padres eran maestros y fueron destinados después a Malcocinado y Azuaga, localidad esta última donde conocieron de cerca las penurias de la Guerra Civil. En Sevilla acabó el bachillerato y se matriculó en su universidad, primero en Medicina y después en Derecho, al tiempo que se acreditaba para ejercer de maestro, cosa que hizo en alguna ocasión. Se doctoró en 1953 en la hoy denominada Universidad Complutense con una tesis sobre la caza en la legislación romana. El Derecho Romano le ofrecía la oportunidad de conjugar sus dos grandes pasiones: la historia y la jurisprudencia.

A la vuelta: el profesor García Garrido en una imagen del 15 de abril de 2019. Fotografía del autor.

La traducción de su trabajo al italiano le abre nuevas puertas. Guiado por Álvaro D’Ors, figura prominente de los romanistas españoles desde su cátedra compostelana, combina varias estancias en Roma con la enseñanza universitaria. Con 34 años es catedrático de Derecho Romano en La Laguna y poco después ocupa la plaza dejada por su maestro en Santiago, ciudad en la que también dirigió el colegio mayor de Fonseca, el decanato de su facultad y finalmente el rectorado de la universidad. De maestro a rector: no puede decirse que su trayectoria académica no haya sido fructífera, pero el caso es que no se agota en ella su biografía, pues García Garrido también ha ejercido de profesor mercantil, gracias al título logrado en la Escuela de Comercio, y de abogado, sumando más de cincuenta años de colegiación.

Ingresa en las Cortes orgánicas de la dictadura por el prestigio que le confiere el rectorado, y después en una dirección general del Ministerio de Educación y Ciencia de Villar Palasí por la necesidad de reunir gestores eficaces que dieran vida a la Ley General de Educación y Financiamiento de la Reforma Educativa, nacida en 1970 y llamada a modernizar por fin la enseñanza en todos sus niveles. En 1972 fue elegido rector de la recién creada Universidad Nacional de Educación a Distancia, cargo para el que se había preparado examinando a conciencia el funcionamiento de este novedoso modelo educativo en otros países. En la UNED ha desarrollado desde entonces su magisterio y sus investigaciones, que prosiguió sin tregua hasta poco antes de su fallecimiento. Decenas de manuales universitarios y de libros especializados (también los ha publicado de poesía y recopilaciones de sus columnas en la prensa), importantes distinciones nacionales e internacionales, entre las que se incluye el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Estatal de Moscú, le han consagrado como uno de los grandes romanistas europeos. Pero él, de lo que realmente se sentía orgulloso, es de la veneración que le profesaban sus alumnos y sus discípulos, esto es, su escuela, porque crear una escuela es la máxima aspiración que cabe en el mundo universitario.

Se han escrito y se van a escribir muchos obituarios sobre García Garrido enfatizando esta parte de su vida. Nosotros aquí queremos detenernos en la parte extremeña de su biografía y narrar el encuentro que tuvimos con él hace unos meses, que estamos seguros ofrecerá al lector nuevos datos para entender su personalidad.
Aunque sus avatares familiares y académicos le alejaron bien pronto de Fuente de Cantos y de Extremadura, el caso es que nunca se sintió lejos de su tierra, de la que conservó milagrosamente el acento y no pocos amigos. Su localidad natal le rindió un emotivo homenaje en 1973 con la declaración de Hijo Predilecto, acto que congregó a numerosas autoridades y a medio pueblo; su casa fue ornada con una placa que aún conserva (“Fuente de Cantos a su muy ilustre hijo Manuel de Jesús García Garrido, Rector Magnífico…”) y su callé llevó su nombre hasta 1985, cuando la corporación municipal decidió suprimir del viario todos los nombres asociados al régimen franquista, aunque la relación que tuviera con él nuestro personaje fuera más de carácter cronológico que ideológico. Correspondió el catedrático al homenaje con oficios que condujeron a la finalización de las obras del colegio publico Francisco de Zurbarán y a la homologación del colegio San Francisco Javier para impartir las enseñanzas de la Ley Villar Palasí, entre otras gestiones. Apoyó desde sus responsabilidades en el MEC la creación de la Universidad de Extremadura y después de los centros asociados de la UNED en Mérida y Plasencia. En 1977 aceptó su inclusión en la lista de UCD por la provincia de Badajoz encabezada por Enrique Sánchez de León para las primeras elecciones generales de la democracia; necesitaba éste un candidato de prestigio, resultó aquel elegido y formó parte de la legislatura constituyente. Pero la redacción del título VIII de la carta magna, sobre la organización territorial del Estado, y el descalabro del partido centrista le llevaron al desencanto.

Quise conocerle en persona a fin de componer su perfil biográfico para la sección “Personajes con historia” de la edición en curso de las Jornadas de Historia de Fuente de Cantos. La cita, en la primavera de 2019, fue posible gracias a los buenos oficios de Federico Fernández de Buján, su sucesor en la cátedra de la UNED. Confieso que acudí a la misma con una mezcla de temor y de inmensa curiosidad. Temor por la dimensión del personaje. Curiosidad por el paisanaje que nos relacionaba. Era muy joven cuando ocurrieron los fastos de 1973, pero recordaba bien la procesión de coches oficiales, y además llevaba toda la vida pasando por debajo de su placa y preguntándome qué había sido del Rector Magnífico. Me recibió en su chalé cercano a Madrid, en su enorme despacho donde se condensa una parte de su biblioteca de ocho mil volúmenes, despacho en el que saltaba a la vista ese perfecto desorden característico de los cubículos donde laboran los investigadores. Ni era una biblioteca aristocrática, de las ornamentales, ni su propietario me recibió detrás de su mesa para marcar distancias. Estuvimos el uno junto al otro sosteniendo durante mucho tiempo una charla cordial y distendida, contestó a todos mis interrogantes, incluso a los peliagudos, y consintió en grabar un pequeño vídeo en el que saludaba a los asistentes a las jornadas históricas locales, y éstos le vieron y le escucharon siete meses después con la misma mezcla de curiosidad y respeto que sentí en su momento.

Me regaló y dedicó varios libros suyos, incluso el de poesías, y yo le correspondí con dos publicaciones mías recientes, que me pidió le dedicase; sabía que al menos una de ellas le iba a interesar, pues trataba una materia próxima a la historia del Derecho, pero el caso es que mostró mayor curiosidad aún por la otra, que era un pequeño libro sobre Fuente de Cantos. Nos despedimos con un abrazo y el deseo de un futuro reencuentro. Yo pensaba que en breve se olvidaría del mismo y que mis libros quedarían apilados sin remedio en algún rincón de su despacho y de su memoria. Para sorpresa mía, los leyó y me telefoneó dos semanas después para comentarme los aspectos que más le habían llamado la atención, y también para expresarme sus ganas de regresar a Fuente de Cantos. Hubo más llamadas, en las que lo mismo hablábamos de la huella del derecho visigodo en las codificaciones medievales y modernas que de la fiesta de la chanfaina. Lucerna y el Ayuntamiento le invitaron a la XX Jornada de Historia, en la que profesor Fernández Buján y un servidor presentaríamos su biografía, pero su familia consideró más prudente que se quedara en Madrid; nos prometió que lo intentaría de nuevo en primavera, cuando mejorase el tiempo, pero el Covid volvió a aplazar un viaje que ya no habrá. Nos hemos quedado con las ganas, pero seguramente nos veremos en otra dimensión. Que tenga usted un buen viaje, Don Manuel.

Felipe Lorenzana de la Puente

Sociedad Extremeña de Historia

Cronista Oficial de Fuente de Cantos